Tant'amare

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Optimismo con inteligencia - por Sergio Castaño Castaño


Revista Tant'amare - Desarrollo personal y terapias naturales
Todos hemos oído hablar del pensamiento positivo, sobre todo en época de crisis; el pensamiento positivo no es otra cosa que el optimismo, tener una fuerte expectativa de que, en general, las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y de las frustraciones. Hay personas que piensan que el ser optimista no deja de ser una tendencia a negar la realidad. Y hay otras que creen a pies juntillas en la ley de la atracción “lo que se piensa se atrae” y por ello, solo con pensamientos positivos pondrá soluciones a sus problemas.
Los extremos no son buenos ni para bien ni para mal, y al igual que no podemos vivir sumidos en la más profunda de las meditaciones espirituales para resolver los diferentes problemas y retos que nos plantea la vida, tampoco podemos beber de esa especie de realismo-mecanicista que nos viene a decir que cuando las cosas son de una manera, son así y nada puede cambiarlas.
Aristóteles pronunció hace ya muchos años aquello de que “en el medio está la virtud” y la verdad es que el hombre no andaba muy desencaminado. Una de las leyes más importantes de la física es el segundo principio de la termodinámica, la cual nos lleva a la explicación del concepto denominado Entropía, que no es otro que aquel que hace referencia a que toda la energía existente en el espacio tiende a distribuirse por él en busca del equilibrio, de la mayor estabilidad, dispersión y probabilidad posible. Pero el equilibrio puro como tal no existe, por lo que la tendencia para aproximarse a él es una especie de tira y afloja entre fuerzas opuestas, lo que hace que el universo que nos rodea se encuentre sumido en un caos, en una espacie de desorden. Este desorden no es más que la lucha que mantiene la naturaleza por encontrar ese equilibrio perfecto.
Existen sin embargo sistemas que se oponen a este fluir natural del universo, esos sistemas son los organismos vivos, y entre ellos los seres humanos. Para la física tradicional y basándose en los principios de la termodinámica, somos materia y energía. Sí, efectivamente, materia y energía, las dos cosas, y ambas se mueven simultáneamente a favor y en contra de la vida.
No podemos, por lo tanto, caer en el error de darle más importancia a la energía que a la materia ni viceversa. Ambas van de la mano y es necesario su trabajo en conjunto para mantener nuestro equilibrio, tanto físico como emocional, así como el logro de nuestras expectativas personales.
Todo pensamiento lleva aparejada una imagen mental que conlleva una emoción, y todo eso se manifiesta en nuestro organismo en forma de cambios neurológicos, bioquímicos… pero no son suficientes para modificar el entorno que nos rodea. También necesitamos provocar cambios en nuestra conducta, en nuestra manera de interactuar físicamente con el medio que nos rodea. En resumidas cuentas, no basta con pensar positivamente para cambiar determinadas situaciones de nuestra vida. Pensar positivamente es solo el primer paso, luego hay que pasar a la acción.

Es bueno tener optimismo, pero un optimismo de manera inteligente.
La persona que es optimista de manera inteligente observa detenidamente la realidad y es capaz de reconocer si algo no funciona y a la vez valorar cómo puede hacer él para mejorarla. Es una especie de cualidad poder ver lo que tiene que ser cambiado sin despreciar aquello que funciona correctamente. Es decir, ante una situación de crisis no se paraliza como el pesimista, ni se sienta a esperar a que la solución venga milagrosamente, como lo hace el optimista de pura cepa. Lo importante ante determinadas situaciones adversas es reflexionar, tomar nuestra propia responsabilidad sobre la situación y busca acciones orientadas al cambio.
Cada persona es un mundo, y cada persona es la que debe autorreflexionar acorde a su conducta y buscar las acciones propias que le lleven al cambio; si bien podríamos dar una serie de pautas a modo general para que de la unión de optimismo y acciones la vida transcurra lo más próxima al camino deseado.
Lo primero que hay que tener es un optimismo ambicioso, no es bueno conformase con cualquier cosa para nuestro futuro. El primer paso es estar estar preparados para soñar con el futuro que queremos.
Somos lo que hacemos y no lo que tenemos intención de hacer. Somos lo que hacemos y no lo que sentimos o imaginamos. Y la mejor manera de ser lo que somos es por tanto llevar a la práctica nuestras ideas, nuestros sentimientos o nuestros sueños; estos no pueden quedarse solo en nuestra imaginación esperando a que surja la oportunidad o tengamos un golpe de suerte.
Hay que embarcarse en proyectos que consideremos grandes para nosotros, hacer cosas que merezcan la pena y que sean una obligación personal, como si se lo debiésemos a un fin superior.
Las ideas hay que compartirlas, no es bueno protegerlas, ya que esta se minimizan y terminan estancándose. Por el contrario cuando se comparten, estas crecen y se amplifican.
Hay que tratar de tomar siempre decisiones de manera objetiva o basándote en la evidencia científica, ya que decidir muchas veces bajo nuestras propias creencias nos pueden llevar por el camino incorrecto, independientemente de lo positivo que seamos.
Aun así, nos podemos equivocar. Equivocarse es de humanos, de hecho, es una manera de avanzar hacia el acierto. La mejor manera de empezar a avanzar es tomando el camino equivocado.
Controlemos nuestra falta de ambición y la falsa creencia de que las cosas no pueden o no valen la pena cambiarse. El cinismo termina convirtiéndose en pereza, y esta en indefensión ante los problemas.
Sectoricemos nuestro proyecto y avancemos en pequeños pasos para provocar un gran cambio. Esto nos permitirá subsanar errores sin grandes tropiezos y será una experiencia muy enriquecedora en cuanto a aprendizaje.

En resumidas cuentas, ser positivo es beneficioso pero no es suficiente, también hay que ser más productivos con nosotros mismos si queremos tener más opciones de cambiar las cosas. El optimismo es solo el primer paso al cambio, pero por sí solo no lo produce: ser consciente produce opciones para ese cambio pero ser productivo hace que se haga realidad. Si aprendemos a conjugar perfectamente estos tres elementos es posible que nos sorprendamos de los resultados.


Sergio Castaño Castaño
Investigador en Salud mental, Psicólogo y Neuropsicólogo