Tant'amare

Revista de terapias naturales, desarrollo personal, ecología...

Pilates Presente - por Sara Barea Izaguirre


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Todo el mundo ha oído hablar de pilates alguna vez.
Sin embargo, si pides que te lo definan, pocos pueden hacerlo. Alguna vez se oye decir: “son estiramientos ¿no?”
El método pilates mejora las lesiones musculares, articulares y algunos dolores crónicos, por la ejecución controlada de sus ejercicios y la puesta en marcha de la musculatura profunda, tan olvidada.
Además, estiliza la figura en cuanto que trabaja de forma exhaustiva el transverso abdominal (que afina el abdomen) y desarrolla una musculatura alargada y alineada.
Favorece el aprendizaje de higiene postural, la mejora de la circulación sanguínea y se gana en propiocepción (la capacidad de sentir la posición de las diferentes partes de tu cuerpo en el espacio sin la necesidad de observarte en un espejo).
Mi relación con el método pilates empezó hace algunos años.
Cuando me formé como monitora de pilates, ya llevaba otros cuantos meditando y dedicaba gran parte de mi tiempo al crecimiento personal. La espiritualidad ocupaba un lugar importante en mi vida.
Comencé a dar clases de pilates en un centro deportivo en el año 2010.
En un principio, me encontré con un grupo reducido de personas, que llevaban haciendo pilates años atrás.
Mi forma de dirigir las clases, no sólo gustaba, sino que sorprendía, por conceptos nuevos que casi no llegaban a entender.
Me basaba en ejercicios, bien conocidos del método, diseñados por su creador Joseph Hubertus Pilates, pero además, les pedía presencia.
El grupo que dirigía fue en aumento y (como siempre he tenido claro que yo aprendía con ellos más que al revés) les observaba: sus movimientos, los gestos de sus caras al ejecutarlos, la respiración, las partes tensas de sus cuerpos, y sobre todo, la tensión de sus mentes (que no estaban allí, conmigo. Posiblemente mantenían un diálogo interno). No había signos de “no tensión”.
Mi intención con ellos fue, que además de ejecutar una buena técnica en los ejercicios, se mantuviesen en la sala.
Mi intención con ellos fue buscar su presencia. Que integraran en una unidad coherente el cuerpo, los pensamientos y emociones. Que buscaran un silencio interno que observa.
Empezaron a sentir trabajar su cuerpo, de alguna manera conectaron con las sensaciones de los músculos que se quejaban al moverse y conseguían restar tensión en aquellas partes que no debían estar tensas.
Sintieron su respiración larga y fluida, y también y sobre todo, sintieron un silencio interior que surge cuando olvidas tu nombre, tu status social, el compañero que tienes en la esterilla de al lado, competir (incluso contigo mismo).
Un silencio que surge cuando vives el presente.
La atención en la respiración se torna especialmente importante. Nos ayuda a ampliar la conciencia de nuestro cuerpo y nos permite fluir de forma natural y espontánea.
Tratas tu cuerpo con amabilidad y respeto y no persigues las frases mentales del tipo: yo no puedo o yo no sirvo (basándote en “recuerdos” erróneos que se tienen de uno mismo) tan utilizadas por el ego. En definitiva, te sorprendes trabajando con la aceptación. Con la honestidad de reconocer las limitaciones físicas o mentales para realizar un movimiento u otro y poder sonreír. No hay nada que lograr.
Es un disfrute del momento presente. Es un diálogo con tu cuerpo donde la mente escucha en silencio y él se expresa.
Cuando animaba a mis alumnos a escuchar su cuerpo y elegir opciones más acordes a su físico (bien por una patología o por un dolor eventual) eliminando la sensación de comparación con los demás, les veía disfrutar y realizar movimientos con elegancia.
La aceptación, la humildad, la consciencia y la libertad de ser quien cada uno es, también haciendo pilates, hacía que se fueran de las clases con un bienestar que casi no podían explicar.
Las relaciones con los demás miembros del grupo también tiene su importancia.
Se cultiva el respeto, no prestando atención al trabajo que realiza cada uno, dando espacio a cada necesidad, con atención y escucha.
Se fomenta la participación de la colocación del material, donde todos cuidan de todos, para entrar después a un espacio personal en el que disfrutar.
La música basada en mantras (sílabas en sánscrito, que sirven de recurso para proteger a la mente contra los ciclos de pensamiento continuo) se hace inevitable en el
Pilates Presente®. Un apoyo más para mantenerse como un todo que trabaja el cuerpo en plena presencia, con su mente en silencio y con la energía- respiración en
plena armonía.
Y esa es mi propuesta.
Ayudarte a estar completamente presente contigo mismo, como quiera que te encuentres hoy, que no será igual que ayer, ni será igual mañana. Y yo te dirigiré así, con mi presencia, observando tu cuerpo, tu respiración, los gestos de tu cara, la tensión o la no tensión que asoma en tus movimientos.
Y sin apenas darte cuenta, además de mejorar tu higiene postural, la salud de tu columna, la elegancia en tus movimientos y el control de tu cuerpo, llevarás contigo un
estado anímico de calma y bienestar aún después de acabar tu clase de Pilates Presente®.



Sara Barea Izaguirre
Monitora de Pilates

Caos - por Sara Barea Izaguirre


Revista Tant'amare - Desarrollo personal y terapias naturales

H
e explotado y me he convertido
en miles de trozos.
Un trozo quiere vestirse de blanco. Otro de negro.
No encuentro ninguno al que le guste el gris.

Un trozo quiere intentar volar
(está seguro de que puede hacerlo).
Otro, se sienta en la cama,
se acurruca sobre sus piernas,
y se asusta de la altura del colchón.

Hay un trozo que baila descalzo en la hierba.
A otro le pesan tanto los pies
que los arrastra, a duras penas por el pasillo.

Me encuentro trozos que discuten entre ellos,
que me ponen la cabeza como un tambor.
Ayer, uno le gritaba al otro que se quitara de su camino,
que no le dejaba seguir...
Y tenía razón:
estaba sentado en el suelo
en la puerta de entrada (o salida).

Un trozo quiere irse lejos y olvidarse de este lugar.
Otro, se acaba de comprar una casa,
con un banco de madera
que apunta al sur.
Un trozo está enamorado y
no para de sonreír como un idiota...
Y otro, está tan furioso con el mundo
que se le está tiñendo la piel de amarillo limón.

La cordura intenta como loca reconstruirme...
pero hay miles de trozos esparcidos por mi casa.
Por el barrio.
Por todo el planeta.


Sara Barea Izaguirre
Monitora de Pilates

Hay ángeles - por Sara Barea Izaguirre


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A veces nos encontramos
con ángeles disfrazados.
Ángeles que resuelven el enigma
de la vida en tan sólo unos minutos.

Hay ángeles disfrazados por la calle
en el trabajo, en el autobús.
Ángeles vestidos de niño
que te clavan sus limpios ojos
en el alma.
Que se posan en las manos de alguien
que te acaricia.
En las manos capaces de arrastrarte
un mal día
por toda la piel, hasta arrancarlo.

A veces miramos el cielo
en la cara de algún ángel.
Y en su pelo florecen las estrellas
que todavía no han nacido.

Hay ángeles que se disfrazan de perros.
Que te lamen las heridas del tiempo.
Que te calientan las manos.

A veces…
nos encontramos con ángeles.
Y se tumban a tu lado
hasta que duermes.


Sara Barea Izaguirre
Monitora de Pilates