Tant'amare

Revista de terapias naturales, desarrollo personal, ecología...

El equilibrio inteligente - por Julio Carrizo


Conocernos a nosotros mismos, la mayor de las acciones.

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Todas las personas buscan situaciones de placer para situarse en la estabilidad de un centro. Ese centro hipotético no es desconocido para nosotros; el problema es permanecer ahí constantemente. Al intentar persistir de forma continuada a través de diferentes afanes, conseguimos el efecto contrario. De alguna manera queremos revivir situaciones grabadas en nuestra memoria que evoquen esa felicidad vivida. Lo que realmente estamos haciendo es procurar dos posiciones enfrentadas: Una, causada por la inercia que provoca la voluntad para conseguir bienestar. Esta densifica la estructura corporal y provoca estrés. Otra, consecuencia de esta primera y en el extremo opuesto, nos lleva a un decaimiento de nuestra estructura generando cansancio, colapso o cierta depresión. A esta condición llegaríamos cuando el organismo por su voluntariedad sucumbe por un estrés excesivo y se derrumba. Aquí definimos la voluntad como la inercia requerida para realizar actos de manera intencionada. Donde voluntad es igual a lucha, y se diferencia del amor siendo este una acción espontánea sin esfuerzo.

Lo voy a explicar de otra forma.
Utilizamos las mismas respuestas para resolver los mismos problemas. Si queremos que los problemas cambien deberemos generar respuestas diferentes. Para organizar respuestas contundentes, la mente, el cuerpo y las emociones deberían ser uno. Nuestras acciones son repuestas que están estrechamente ligadas a la gestión que hacemos de nuestro cuerpo. Existen distintas tipologías en los cuerpos y formas de utilizar esas estructuras. No quiero decir que dos personas con un cuerpo parecido sientan y piensen igual. Quiero decir que hay emociones y necesidades prefijadas que comparten ciertas estructuras corporales. Son una gestalt, como forma compleja de comportarse en el mundo, al hacer que las acciones y las emociones tengan la misma particularidad: la de responder a ciertas peculiaridades que conforman el carácter de las personas. Los bloqueos u organismos endurecidos, colapsados… por el hecho de manejar esa fijación contribuyen a que la respuesta esté ya prefijada. La respuestas son directamente proporcionales a cómo empleamos la estructura corporal y mental. Tampoco me refiero a las partes del cuerpo que están emanando energía, vigor y/o fuerza, ya que estas al actuar con viveza son capaces de formar una respuesta aceptable. Me refiero a partes del cuerpo que son mas frágiles o endurecidas que se tensan en ciertas situaciones dando una pobre resolución a las mismas. Además estas situaciones se repiten hasta la saturación. Su raíz de ser está incrustada en la mala utilización de ciertos grupos musculares y en situaciones concretas. Por ejemplo, en las perdidas, en las separaciones, en los conflictos… en circunstancias en las que tenemos un bajo nivel de resolución.

Por un lado tenemos la intención de la voluntad buscando bienestar y por otro, actuando con respuestas prefijadas. El resultado se convierte en una pobre solución para gestionar de forma saludable y creativa la vida. Consecuencia de ello logramos entrar en un círculo vicioso que a mediana edad nos damos cuenta de él; si no se atiende a una edad avanzada puede pasarnos factura.

Una forma de conocerse y como primer paso para invertir la situación es el trabajo con el cuerpo y con las emociones. Desde el cuerpo podemos acceder a nuestra mente. Un problema que ha creado la mente con dificultad va a poder ser solucionado con la propia mente. La expresión y maduración de las emociones es de vital importancia para la regulación del sistema energético de las personas. Cuando un organismo alcanza su madurez psicológica y emocional, la psique encuentra por sí sola las respuestas. A través del trabajo con las emociones podemos llegar a cambiar nuestra forma de pensar pero difícilmente al revés. Se puede aprender a conocerse a través del cuerpo para solucionar problemas mentales. Darse cuenta de una situación focalizando lo que uno siente, sumergirse en ello y asumirlo (de dónde viene, aprender a contemplarlo y aceptarlo). Si esto se procura con fiabilidad el cambio en las respuestas vendrá por sí solo.

La búsqueda de un equilibrio inteligente nos hace conocernos a nosotros mismos y el mundo que nos rodea. La capacidad de ofrecer a los demás respuestas espontáneas nos acerca aún más a ellos. La entrega a un colectivo o un grupo sin ninguna intencionalidad más que la de aportar tu valía es una manera de enriquecer tus valores. La responsabilidad hacia ti mismo viene dada con el conocimiento del sí-mismo. Conocerse a uno mismo no es un saber de ti, sino la resolución creativa de la vida que vives, o sea, la mayor de las acciones.


Julio Carrizo
Especializado en psicología dinámica, máster en Psicoterapia Corporal e instructor de meditación