Tant'amare

Revista de terapias naturales, desarrollo personal, ecología...

Lunas nuevas - por Amparo Castillo Precioso


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Porque sólo buscando en la oscuridad podemos encontrar la luz, las mujeres tenemos el don de vivenciar en nuestro cuerpo la luna nueva cada mes en los días en que sangramos con la regla y sembrar con ella una pequeña semilla que nos permitirá ir creando a lo largo de las otras etapas de nuestro ciclo la vida que queremos. Por eso elegí el título de Lunas Nuevas para trabajar entre mujeres nuestro ciclo menstrual, teniendo en cuenta además que a veces los ciclos están alterados e inclusive muchas mujeres pierden la regla después de determinadas intervenciones quirúrgicas o de recibir quimioterapia, entrando así en una menopausia prematura y súbita difícil de asimilar…

La mayoría de las mujeres hemos vivenciado alguna vez momentos de oscuridad en relación a lo que para nosotras significa ser mujer, y como todas las mujeres independientemente de nuestra edad, de la regularidad de nuestros ciclos o de si hemos llegado a la menopausia llevamos la luna en nuestro vientre, todas tenemos la sabiduría innata de atravesar esa oscuridad hasta llegar de nuevo a la luz, desde la escucha amorosa y el respeto profundo a nuestro cuerpo, lo que pasa es que muchas veces la hemos olvidado. Se trata tan sólo de re-encontrar este camino que nos llevará al re-descubrirnos.

Hoy hay mucho escrito sobre lo que representa cada etapa del ciclo, la fluidez y la fortaleza individual que caracteriza la fase preovulatoria, la necesidad de conexión con el mundo exterior sin tener que cambiarlo durante la ovulación, la intensidad emocional de la fase postovulatoria y el acercamiento al inconsciente, y la conexión intuitiva durante la regla. Poco he encontrado escrito sobre lo que simboliza la menopausia, esa etapa hermosa en la que al ser los cambios físicos y emocionales que caracterizan nuestra etapa fértil menos acentuados podemos conectar con más facilidad con nuestro Ser interior, con la sabiduría que le ha ido dando el paso de los años.

A mí me interesaba trabajar con mujeres en sus distintas etapas desde un espacio terapéutico y creativo, respetuoso y protegido que les permitiese el contacto con ellas mismas, y de esta forma nació el taller Lunas Nuevas que trabaja desde la arteterapia, ya que a través del arte utilizado como terapia podemos olvidar los conceptos y vivenciar qué es lo que significan para nosotras los procesos internos que experimenta nuestro cuerpo de mujer, y desde ahí podemos dejarnos sentir hasta encontrar ese camino de escucha y de respeto a nuestro cuerpo que nos llevará a conectar con nuestro Ser Mujer. Porque nuestro vientre de mujer, creador de vida nos identifica, pero la vivencia exclusiva por cada una de nosotras es lo que forja nuestra identidad como Mujer en este mundo.

Es imprescindible tomar conciencia de cómo nuestra sangre de mujer fluye por nuestras venas inyectando Vida a nuestra vida entera. Cada óvulo, la sangre que expulsamos cada mes y la que llevamos dentro cuando esa etapa de nuestra vida pasa, conforma nuestra mirada de mujer. Y el rojo de nuestra sangre representa a la vez nuestro dolor y nuestra fuerza, y cuando nos atrevemos a liberar nuestras entrañas sin vergüenza, queda tan solo, desnuda y clara, nuestra alma de Mujer, el alma de la Mujer que decidimos habitar al venir a este mundo para Ser.


Amparo Castillo Precioso
Arteterapeuta humanista

Arteterapia, el despertar sensitivo como puerta al despertar de la consciencia - por Amparo Castillo Precioso


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Mi primer acercamiento a la arteterapia hace ya muchos años fue desde la necesidad de solucionar un montón de conflictos internos que no conseguía identificar con la suficiente claridad para poder afrontarlos, todo eran sensaciones a las que mi mente lógica y analítica no daba permiso para entrar, pero no tenía conciencia de ello. Había intentado trabajar con diversos tipos de terapia que sin duda me ayudaron a sostenerme, pero sin conseguir resolver, el camino siempre se hacía desde la mente, incluso el “me siento…” y desde ahí no podía solucionar, pero yo entonces no lo sabía. En aquel tiempo no conocía nada acerca de la naturaleza autoprotectora de la mente, que constituida por hábitos arraigados está dispuesta a todo para poder sobrevivir y por eso es especialista en todo tipo de engaños y manipulaciones a un@ mism@.

Lo único que sabía de la arteterapia es que era una disciplina que utilizaba los diferentes instrumentos artísticos como vía de autoconocimiento, y en concreto la escuela que yo escogí trabajaba con arteterapia humanista, es decir se centraba en la persona humana y en su experiencia interior, ya que el significado que la persona le otorga a su experiencia interior es fundamental para comprenderla. Yo no conocía ninguna técnica artística pero me dijeron que no era necesario y así decidí probar.

Mis primeras experiencias con arteterapia fueron de disfrute y nada más por eso me merecía la pena, tan solo necesitaba contactar con lo que me apetecía hacer y hacerlo. Pintar libremente, dejarme interactuar con el barro, fotografiar lo que me llamaba la atención, bailar mi nombre, hacer un collage de mi camino de vida… pintura, escultura, fotografía, música, escritura, video, danza, collage, costura… me era fácil sumergirme en las diferentes propuestas sin necesidad de pensar. La creatividad empezó a instalarse en mí como recurso y la tarea de vivir empezó a serme más fácil.

Así, poco a poco empecé a contactar con mis sensaciones de una forma nueva, era como aprender a tocar, a ver, a oír de una manera abierta, como un bebé, y fui despertando los sentidos que la adultez me había adormecido en un camino de desaprendizaje de todo lo aprendido.

Y desde ahí, también poco a poco, me di cuenta de que todo me reflejaba, hacía de espejo de mí.

Contactar entonces con mis sentimientos más profundos sucedió como un paso inevitable, sin esfuerzo, porque en el proceso creativo la mente deja o al menos reduce mucho su control, permitiendo de esta manera que aflore a nuestra conciencia lo que guardamos en nuestro interior de una manera limpia y directa. A veces conectaba con el dolor, pero era un dolor limpio y sanador que me abría la puerta a una conciencia nueva. En ningún momento contacté con nada que no estuviese preparada para afrontar, para ello fue muy importante el respeto de mi terapeuta a los tiempos que yo fui necesitando en mi proceso.

Y este darme cuenta desde la vivencia estaba siendo transformador, ¡me estaba permitiendo experimentar de una forma nueva!

La mente acalló su parloteo y del silencio surgió la Luz de la Consciencia que me permitió mirarme con Amor, con una mirada limpia, libre de juicios, desde la cuál pude reconocerme, sentirme y aceptarme tal cuál soy por el simple hecho de Ser. Y desde ahí pude mirar, reconocer, sentir y aceptar al Otro de igual manera.


Las vivencias desde la arteterapia actúan a modo de cuña emocional. Y en el momento en el que introducimos algo diferente en el mundo vivencial de la persona, esto llega a su inconsciente dándole la posibilidad de experimentar de otra manera. El cambio se provoca desde ahí, desde el darse cuenta vivencial, no desde la devolución mental. El darse cuenta vivencial es transformador porque llegamos a experimentarlo en cada una de las células de nuestro cuerpo, así se integra en nosotros, posibilitando el cambio de nuestro posicionamiento y apertura ante la vida.

Mi dolor me ayudó a respetar y entender el dolor de otros.
El deshilar mi historia de vida hasta contactar con el Amor y la serenidad de mi alma desnuda me fue posible a través del Arte que, como terapeuta, hoy me permite acompañar el camino de otros a la Luz de la Consciencia.


Amparo Castillo Precioso
Arteterapeuta humanista