Tant'amare

Revista de terapias naturales, desarrollo personal, ecología...

Un plan para este año - por Elena Caballero


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Veo brotar mis macetas y sé que la primavera ha llegado. Corre de fondo por toda la casa. Y me encanta. Me eriza el pelo. Me conecta. Ante mi llega el vértigo de la rapidez con la que ha volado la primera parte del año. Pero decido no amargarme por esas cosas. Ni por ninguna otra. Lo decido. Ahora.

Es más, decido usar toda esa fuerza vital que pulula por el ambiente para diseñar el traje de lo que me queda de 2013. La nueva estación dará bríos a mi apretada agenda de trabajo y actividad en torno a mi sueño de este año, el proyecto que concilia lo artístico con comunicar cuestiones que invitan a escucharse por dentro y maravillarse. Es en estos momentos en los que saco mi arquera del armario y pongo orden y concierto a mis sueños de vida. Porque de nuevo es buena ocasión para preguntarse qué quiero hacer con mi vida este año. Cómo organizar mis días para que mis afanes no se queden en agua de borrajas. Así que empiezo a aplicar pequeños trucos de probada solvencia que comparto con vosotros:
  • Si soy la diseñadora de mi propio destino tengo que dibujar en un papel cómo lo quiero diseñar. Y no hace falta ser una Leonardo Da Vinci para hacerlo, basta un boli y buen pulso o una regla.
  • La imagen es poderosa a nivel inconsciente: Dibujar en una cartulina los 12 cuadrados grandes de los meses del año. Puedo dividirlo en 2 bloques de seis grandes espacios cada uno, uno por mes. Así a vista de pájaro es más fácil visualizar dónde quiero estar, y habiendo hecho qué cosas, allá por final de año. Me encanta ver los espacios vacíos de cada mes, llenos de infinitas posibilidades.
  • Me decido por un único objetivo o un “objetivo global” del año. Por tanto, antes de acometer la tarea de ponerme a escribir he de abrirme a descubrir dentro de mi cuál es mi objetivo principal para ser más feliz o más yo, para poder dar en la diana, como lo haría la arquera. No hace falta que sea muy concreto si no lo tengo muy claro. Puede ser algo así como “lo que quiero empezar a atraer a mi vida es…” “qué cosas hago en mi vida que me gustan y quiero aumentar”. En mi caso puede ser: “Encontrar el sentido de mi vida a través de mis aficiones” o emprender por fin mi propio negocio. Seré más eficaz si concreto: “hacer un calendario 2014” o “escribir un libro”, una de esas en particular o dos máximo, para no dispersarse. Si no abarco muchos temas distintos encontraré más tiempo para disfrutar del presente, que es un regalo y me capacita para abordar con más solvencia sea lo que sea que me proponga.
  • Busco el momento apropiado: Cuando has trazado el plano gráfico de tu año te das cuenta de que un buen momento para hacer es ahora, en primavera. Como dice José María Toro, la primavera y el otoño son para hacer y el verano y el invierno para no hacer. Y tiene su lógica. Sobre todo en el sur de España. Con lo cual, con mi cartulina dividida en cuatro grandes etapas y viendo consumido el invierno, puedo prever este ritmo al que me quiero acompasar para sacarme más partido y me pongo a escribir algunas tareas y eventos clave que ya sepa que sucederán en alguna semana. Por ejemplo abril, es una puesta a punto, un calentar motores, diseñar a grandes rasgos el plan de trabajo, con toda la lucidez que acompaña el despertar de la naturaleza. Pues pronto llegan los meses de verano, sobre todo agosto como un enorme paréntesis en el que todo se ralentiza un poco. A ese mes le pongo un “AMOR” en mayúsculas y me dejo fluir. Estoy segura de que la energía de esa palabra, así como “prosperidad”, “trabajo”, “aprendizaje”, empezarán ya a impregnar los espacios de los meses elegidos generando la semilla de esa realidades “soñadas”.
  • Dividir la carrera por etapas, lo hace más asequible. Me puedo proponer cada semana dar un pequeño fruto que tenga relación directa con mi sueño del año. Ese trabajo pasa también por ponerse un pequeño objetivo al día y cumplirlo. En mi caso organizar talleres algunas semanas, mientras voy terminando bocetos e ilustraciones. Luego llega mayo y junio con su enorme belleza calorífica para asentar y finalizar lo soñado. Julio es para entrar en cocina, a mi entender, con todo lo pensado y dispuesto ya se pueden dejar preparados para ultimar los proyectos.
En el caso de que alguna semana o mes no funcionara de la manera que tenemos dibujada en la cartulina no pasa nada. Lo tomaremos como una batalla perdida de la que siempre aprendemos pero con la conciencia de que “la guerra” se gana al final del todo.
Los dejamos reposar en la cocina sobre las mesas mientras nos permitimos un tiempo de descanso y de cultivar relaciones sociales y familiares, antes de que con septiembre y su vuelta al frescor nos podamos poner de nuevo en marcha nuestros afanes.

Así que el primer paso es comprar una cartulina clara, inspiradora y un buen rotulador para ir marcando la senda que quieres caminar en 2013. Un montón de días en hilera dispuestos a ver cumplirse tu sueño: el paso de verlo colgado de mi pared me ayudará a mantener el rumbo cuando el oleaje del despiste o la procrastinación te sacuda por dentro. Mantener el objetivo en mente. Mantener el rumbo por semanas o por meses ayuda, te hará arribar a la isla deseada o al continente, y no a quedarte varada en mitad del océano de los días cuando lleguen las campanadas de fin de año.

La claridad ayuda a conseguir los objetivos: Saca el mapa, ver el faro de la costa a la que quieres llegar da mucha fuerza y muchas alas. Este mismo truco me ayuda cuando tengo que transmitir alguna idea o charla. Sitúo en el centro la idea básica y en torno a ella voy generando contenidos.

Si un día fallas déjalo pasar. Y si no se cumple un día, es que así tiene que ser, perdónate por ser simplemente humana y retoma el viaje al instante presente. Es una buena norma de gestión del tiempo. Para acercarme a la diosa que quiero ser, más consciente, sana, centrada y amante de mi propio ser, debo poner las bases. Y dar un paso cada cierto tiempo. Pero mi objetivo principal es atender mi faceta profesional. De este año no pasa. Me he propuesto crear la empresa de vivir haciendo lo que me gusta, que es crecer y contribuir al desarrollo personal y al darme cuenta. Tarea en la que cada vez más personas andan en este planeta. Suerte y a por tu plan de acción.


Elena Caballero
Comunicadora

Flamenco Terapia: bailando de dentro hacia afuera - por Raquel Jiménez Oña


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Un día decido que quiero bailar flamenco. Me acojo a ese bonito rasgo que tiene este arte que es su fuerza. Pienso: A través del flamenco podré sacar mi fuerza dándole una utilidad positiva a esa emocionalidad e intensidad características de mi carácter.

Esto fue lo que me llevó a apuntarme en una academia aquí en Sevilla donde vivo hace ya diecinueve años.
Por supuesto, también estaban las ganas de transmitir todas esas cosas que se mueven debajo de mi piel cuando veo a cualquier persona bailando flamenco.
Yo también quiero expresar, desde mi cuerpo, desde mi cara, desde mi movimiento, desde mi emoción.

Cuando empiezo a bailar me encuentro con la realidad: aprender a bailar la técnica del flamenco es muy difícil y sacrificada. No solo hace falta la dedicación de muchas horas diarias, sino que es necesario saber muy bien la técnica para poder empezar a soltarte de la rigidez y así poder expresar.
Durante aquellos años de academia me voy encontrando con una parte dolorosa mía. Aparece mi exigencia, mi perfeccionismo, mi rigidez, mi autocrítica, mi vergüenza, la dureza conmigo misma y un bloqueo continuo. Parecía que estaba consiguiendo el efecto inverso de mi deseo de bailar flamenco. Ante tanta frustración decido dejarlo.

Tras aquello se dan una serie de circunstancias en mi vida que hacen que empiece a mirar al flamenco desde otro lugar. Termino mi formación de gestalt donde mi práctica final la hago con flamenco, comienzo a trabajar como terapeuta, me empiezo a formar en arteterapia donde el acento está en la danza y asisto a las clases de Autoestima Flamenca con uno de mis maestros Carlos Sepúlveda y con el que trabajo como monitora en una ocasión. Se abre para mi un camino nuevo. Me doy cuenta que puedo fundir dos de mis pasiones, la Terapia Gestalt y el Flamenco.

El flamenco abarca casi todos los sentimientos humanos. Gracias a estas posibilidades puede convertirse en una vía para tomar conciencia de las dificultades en diversas áreas de la vida.
También puede bailarse desde otro lugar que no es la técnica. En la Flamenco Terapia lo que se pretende es que la gente saque esa parte flamenca que hay en cada uno de nosotros, para unos es su fuerza, para otros es la delicadeza, otros tal vez se mueven desde ese toque guasón, o con pocos movimientos y muy asertivos, se puede explorar la sensualidad, experimentar como es bailar en contacto con otro. Es poner en movimiento nuestro carácter. Mirar cuáles son mis cualidades y por qué no, probar con aquellas otras formas que no me son familiares. Aquí nadie lo hace ni bien ni mal, cuando bailas tus emociones siempre hay belleza. Se da un espacio en el que experimentar y se potencia la creatividad de cada uno. Bailar es ya sanador en sí mismo. En la persona se produce un movimiento en dos direcciones, bailar desde este enfoque flamenco tan emocional abre en la persona espacios sensibles en los que se puede hacer un trabajo terapéutico mas profundo y a su vez, desde ahí se abren nuevas vías creativas en las que explorar desde otro lugar diferente al habitual.
Es una técnica válida para cualquier persona, joven o mayor, hombre o mujer, tímido o
echao p'alante, con conocimiento anterior de flamenco o sin ningún conocimiento. Todo el mundo tiene emociones y todo el mundo tiene algo que expresar, desde cualquier lugar, sólo es necesario tener ganas de sacar hacia fuera aquello que tenemos dentro que si no sale algún día nos va a explotar.


Raquel Jiménez Oña
Terapeuta gestalt y arte-terapeuta especializada en danza-teatro terapéutico

Caperucita y la madre que la parió - por Marina Rodríguez

(ESCENA 1: LA CASA DE CAPERUCITA)

Una vez Caperucita estaba en su casa y su madre la envió, como de costumbre, a casa de su abuela a llevarle unas viandas.
Pero esta vez Caperucita, que estaba harta de obedecer, le dijo a su madre:
-
Si quieres saber si la abuela está bien no me mandes a mí a verla. Ve tú misma a llevarle la cesta de Navidad. Además, esta cesta pesa mucho y yo no puedo con ella…Y si el bosque está lleno de lobos ¿por qué me mandas sola a la calle?- dijo Caperucita en tono chantajista.
Así que la madre soltó el suspiro del día, cogió la cesta, las gafas de sol, el bolso, el abrigo, el correo, los recibos sin pagar, la lista de la compra para pasar-a la vuelta- por el súper, el teléfono móvil -para llamar a una amiga a la que hace tiempo no ve- y las llaves de la furgo.
Se fue por el camino de la playa -que el del bosque ya lo tenía muy visto- y así, de paso, le daba un poco el sol.


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(ESCENA 2: CASA DE LA ABUELA)

Cuando llegó a la casa de la abuelita se encontró, como es costumbre en este cuento, la puerta abierta. La madre no se sorprendió. Su madre -es decir, la abuelita- siempre fue despistadilla y, por tener las llaves perdidas por ahí, decidió un día no cerrar nunca más la puerta.
Pero cuando entró dentro la abuelita no estaba sentada en su sillón como todas las abuelas (al menos como todas las abuelas de los cuentos tradicionales): Simplemente no estaba.
A la madre de Caperucita empezó a estallarle el corazón. No pasó de un tic-tac a la taquicardia y luego a estallar. Estalló de golpe. Se desvaneció y cayó al suelo.

(ESCENA 3: CAPERUCITA SOLA EN SU CASA)

Mientras tanto…
… Caperucita en su casa estaba feliz de encontrarse sola y libre. Empezó a hacerse trenzas en el pelo mientras fantaseaba con cómo le quedarían unas rastas. Puso todos los canales de adultos. Hurgó en todos los cajones de su madre y encontró cosas que ni siquiera sabía que existían. Se puso la música a los decibelios que le dio la gana. Se acordó de lo que su madre le decía de los decibelios y de su potencial sordera cuando fuese mayor…y no le importó en absoluto. Pensó: “
Mi abuela está sorda como una tapia y cuando ella era joven no existían los decibelios ni los mp3”. Se puso tacones, se los quitó; se bebió un chupito de un licor asqueroso; le tiró un par de huevos a un vecino que pasaba por debajo de su ventana; llamó a un número desconocido y le dijo “gilipollas”, y se puso a jugar… Luego se aburrió bastante… Lo suficiente como para ponerse a leer, pero no tanto como para prenderle fuego a la casa.

(ESCENA 4: EL LOBO VA A CASA DE LA ABUELITA)

El lobo, cansado en el bosque de tanto esperar a la niña con la que todas las tardes pasaba un ratito muy agradable, se fue dando un paseo a casa de la abuela. Allí se tomaría un cafelito con ella y charlarían como siempre.
Cuando llegó vio la puerta abierta, como es costumbre en este cuento. Lo que no era costumbre era ver una furgoneta aparcada delante de la casa.
El lobo, timorato como era, se acercó cauteloso. Miró por la ventana antes de entrar y vió a una señora tendida en el suelo en una posición inexplicable para un forense.
¿Qué le habrá pasado a esa buena señora? -pensó- ¿Y dónde se ha metido hoy Doña Paquita?

(ESCENA 5: LA PLAYA Y DOÑA PAQUITA)

La luz del sol brillaba como nunca y la brisa marina olía a peces y a sirena. Doña Paquita se quitó la ropa. Se quitó literalmente toda la ropa y se dejó calentar por el sol.
De haber estado verdaderamente sorda no habría oído los críticos comentarios de la gente ante su desnudez. Ella pensó para sí “T
odos estamos desnudos ante los ojos de Dios” (aunque ya no creía en el dios que le enseñaron, sino en otro)- y se rió para sí misma.
Luego se congratuló por el día que, hacía ya algunos años, había decidido hacer oídos sordos a las cosas que no le gustaba oír. La gente, como siempre, hace conjeturas sin preguntar. Creyeron que se había quedado sorda. Y ella, feliz, no desmintió el error.
Desde entonces la abuela hacía todos los días lo que le daba la gana: Se iba a nadar en pelotas a la playa, salía a las tantas de la noche a conocer garitos y gente, se tomaba un cafelito y charlaba con un lobo que estaba muy mal visto, pero que a ella y a su nieta les caía muy bien…Y hacía todo lo que se le iba ocurriendo cada día de vida que los años le regalaban.
Mientras salía del agua se sintió bien. Se sintió como nunca, radiante, especial, poderosa y vieja. Muy vieja y muy sabia. Entonces sintió un amor muy grande y decidió ir a casa de su hija.

(ESCENA 6: LA REANIMACIÓN DE LA MADRE)

… El lobo no sabía hacer el boca a boca. Pero pensó que aquella señora tan guapa necesitaba ayuda y se puso a lamerle los labios, que era lo único que él sabía hacer para cuidar a los demás.
La madre, sumida en un sueño profundo, empezó a sentirse MUUUUY BIEN en su sueño. Estaba tan bien que no quería despertarse. No le gustaba su vida de vigilia y en su sueño se había quitado los tacones, había vendido su casa, se había pedido una excedencia y se había ido con su hija y la furgoneta a ver mundo... y precisamente en su sueño, al bajar de la furgoneta, llega un lobo hippie y le da un morreo de esos que quitan el sueño… Por eso se despertó.
El lobo al verla despierta dejó de lamerle los labios. Los dos se miraron a los ojos, mantuvieron la mirada y se gustaron. A ella no le importó que fuera un lobo del que hablaban mal. A él no le importó que fuera una mujer, ni que se le hubiera corrido el rímel, ni que ese día no se hubiera depilado. A ninguno le importó esas gilipolleces. Y no les importó porque al mirarse de verdad a los ojos se vieron de verdad… y se enrollaron.

(ESCENA FINAL)

… En este punto está a punto de terminarse el cuento y Caperucita estaba a punto de terminarse el cuento. Pero en lugar de hacer un esfuerzo por “terminar todas las cosas que se empiezan”… bostezó y se dijo: “
¡ya está bien por hoy, me voy a dar un voltio!”.
Se puso los tenis y no se peinó. No se metió los faldones de la camiseta y no se acordó de cerrar la puerta con llave. Todo se hereda, hasta la capacidad para despistarse de vez en cuando.
Después de atravesar el bosque, corriendo al ritmo de sus canciones del mp3, llegó a casa de su abuela. Flipó en colores cuando pilló a su madre y al lobo en la cama. Pero se puso muy contenta porque notó el brillo en sus ojos.

(LA ABUELA VUELVE A SU CASA…)

De camino a casa de su hija, la abuelita recordó que se había dejado encendido el gas y temió que estallara. No le importaba quedarse sin casa, pero no quería que le pasara nada a un billete de avión que había comprado para La India.
Al llegar y ver la escena se le dibujó una sonrisa.
A la madre le entró miedo de que su madre la juzgase y se echó a llorar. Y Caperucita y el lobo se asustaron. No podían imaginar que una mujer pudiera llorar de esa manera después de hacer el amor. Y Doña Paquita abrazó a su hija.
¡Relájate! -le dijo- Pensaba que estarías en tu casa”.
Yo también. -dijo ella- Mamá, te quiero. Siento no haber venido antes a verte, pero necesitaba estar lejos de ti, de tu aprobación y tu juicio.
Yo también lo siento y te comprendo. Yo me quedé sorda de mentira para no tener que escuchar los juicios de los demás, y entonces, a veces, tampoco te escuché".

En ese momento el leñador, que había dejado de cortar tantos árboles, para evitar la desertización de la zona, mirando por la ventana pensó: -
A ver cuando deja esta gente de preocuparse tanto por todo y empieza a ocuparse de ser feliz.-
Se dieron todos un largo abrazo y se fueron a vivir sus vidas como a cada uno le dio la gana.


Marina Rodríguez
Profesora de educación física y habitante del planeta

¿Quién fue el doctor Edward Bach? - por José Antonio Sande


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Edward Bach nació en Moseley, Birmingham, Inglaterra, el 24 de septiembre de 1886. Desde niño fue gran amante de la Naturaleza y gustaba de caminar y explorar en soledad, alejado de las actividades rutinarias y los estímulos cotidianos. Ya entonces mostraba ciertos rasgos personales característicos: sensibilidad, creatividad, intuición, capacidad de observación…

Tras terminar sus estudios en la escuela y antes de iniciar su formación universitaria trabaja, entre los años 1903 y 1906, en la fundición de su padre, donde entra en contacto con una realidad dura de trabajo, enfermedad, dolor y miseria que influye en su determinación de estudiar medicina como vía para aliviar el sufrimiento humano.

Entre los años 1906 y 1917 se forma y desarrolla una actividad médica convencional a la vez que destacada, pasando por diferentes puestos y responsabilidades. A pesar de ello alimentaba un sentimiento de insatisfacción por la limitada acción de la medicina, que se ceñía a los síntomas para la valoración y la curación de la enfermedad sin atender a las verdaderas causas que la provocaban.

En julio de 1917 sufre una importante hemorragia intestinal y es operado de cáncer. Los médicos le dan pocos meses de vida, sin embargo, consigue recuperarse y seguir adelante con su labor médica. Su experiencia cercana a la muerte provoca en él una transformación y le impulsa con más fuerza aún a la exploración de la verdadera naturaleza y sentido de la enfermedad.

En el año 1919 se produce una vacante de patólogo y bacteriólogo en el Hospital Homeopático de Londres y Bach accede al puesto. De este modo entra en contacto con el Organon, obra fundamental de Samuel Hahnemann (descubridor de la Homeopatía) y de gran repercusión en el pensamiento y obra de Bach y el desarrollo inicial de la Terapia Floral. En ese mismo año abre su propio laboratorio en Nottingham Place, Londres y unos años más tarde, en 1922, renuncia a su puesto en el Hospital Homeopático de Londres para atender su laboratorio y un consultorio que abre en Harley Street, también en Londres.

Entre los años 1922 y 1929 realiza una labor de investigación en la línea de los postulados de Samuel Hahnemann, desarrollando vacunas homeopáticas muy utilizadas en su época, algunas de las cuales siguen hoy en uso. Sin embargo aún no se siente satisfecho con su trabajo ya que late en su interior la idea de que la enfermedad tiene que tener un sentido, una función que justifique su existencia en la Naturaleza, y hacia ella decide orientar sus investigaciones en la búsqueda de remedios naturales y no agresivos, remedios más puros cuyo origen estaría en las plantas.

En septiembre de 1928 viaja a Gales donde, impulsado por la idea de que en la Naturaleza están presentes los remedios para sanar a las personas, se dedica a la búsqueda de remedios naturales que puedan sustituir las vacunas por él creadas y que a la vez respondan a su idea de que las tipologías de carácter de las personas se pueden relacionar con las signaturas de las plantas. Fruto de sus investigaciones, sus conocimientos y su exploración permanente de la naturaleza humana y su relación con el mundo vegetal, prepara vacunas orales con tres plantas: Impatiens, Mímulus y Clematis. Los resultados obtenidos en pacientes con estas tres vacunas son tan alentadores que Bach decide dejar Londres y dedicarse en cuerpo y alma a la exploración de la tipología de las personas y la búsqueda de los remedios naturales coincidentes con la reacción de cada una a la enfermedad.

En el mes de mayo de 1930 Bach cierra su laboratorio y su consultorio londinenses y con 43 años se dirige a Gales, cuna de sus antepasados, para iniciar una nueva etapa en su vida en la búsqueda del verdadero significado a su vocación de sanador y explorador de la vida, la enfermedad y la relación íntima que él veía entre ambas. Desde agosto de 1930 hasta la primavera de 1934 Bach se establece en la costa de Norfolk, en Cromer, investigando y tratando a pacientes. En abril del mismo año 1934 se traslada a Mount Vernon donde continúa con su labor.

Si bien es en 1928 cuando descubre los tres primeros remedios: Impatiens, Mímulus y Clematis, éstos los prepara por el método homeopático, y no es hasta el periodo de tiempo que va de 1930 a 1936 cuando descubre los otros remedios, desarrollando lo que hoy se conoce como las Flores de Bach.

Durante el tiempo que Bach permanece en Gales, además de elaborar los remedios florales, investiga, trata a pacientes, da conferencias y escribe varios textos en los que plasma la filosofía de su obra. Algunos de estos escritos son:

Cúrese a usted mismo. 1931.
Somos los culpables de nuestros sufrimientos. 1931.
Libérese usted mismo. 1932.
Los doce curadores y los siete ayudantes. 1934.
Los doce curadores y otros remedios. 1936.

Tras una vida dedicada a la búsqueda de respuestas al sufrimiento y la enfermedad Bach murió el 27 de noviembre de 1936, a los cincuenta años, con la convicción de que había concluido su misión y que la enfermedad no debía ser considerada como un mal a combatir sino como un lenguaje que la vida pone a disposición de las personas para llamar la atención sobre aquello que las desarmoniza y las desvía de su camino de aprendizaje en este “día de colegio” que para él significaba la vida.


José Antonio Sande
Terapeuta floral

El equilibrio inteligente - por Julio Carrizo


Conocernos a nosotros mismos, la mayor de las acciones.

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Todas las personas buscan situaciones de placer para situarse en la estabilidad de un centro. Ese centro hipotético no es desconocido para nosotros; el problema es permanecer ahí constantemente. Al intentar persistir de forma continuada a través de diferentes afanes, conseguimos el efecto contrario. De alguna manera queremos revivir situaciones grabadas en nuestra memoria que evoquen esa felicidad vivida. Lo que realmente estamos haciendo es procurar dos posiciones enfrentadas: Una, causada por la inercia que provoca la voluntad para conseguir bienestar. Esta densifica la estructura corporal y provoca estrés. Otra, consecuencia de esta primera y en el extremo opuesto, nos lleva a un decaimiento de nuestra estructura generando cansancio, colapso o cierta depresión. A esta condición llegaríamos cuando el organismo por su voluntariedad sucumbe por un estrés excesivo y se derrumba. Aquí definimos la voluntad como la inercia requerida para realizar actos de manera intencionada. Donde voluntad es igual a lucha, y se diferencia del amor siendo este una acción espontánea sin esfuerzo.

Lo voy a explicar de otra forma.
Utilizamos las mismas respuestas para resolver los mismos problemas. Si queremos que los problemas cambien deberemos generar respuestas diferentes. Para organizar respuestas contundentes, la mente, el cuerpo y las emociones deberían ser uno. Nuestras acciones son repuestas que están estrechamente ligadas a la gestión que hacemos de nuestro cuerpo. Existen distintas tipologías en los cuerpos y formas de utilizar esas estructuras. No quiero decir que dos personas con un cuerpo parecido sientan y piensen igual. Quiero decir que hay emociones y necesidades prefijadas que comparten ciertas estructuras corporales. Son una gestalt, como forma compleja de comportarse en el mundo, al hacer que las acciones y las emociones tengan la misma particularidad: la de responder a ciertas peculiaridades que conforman el carácter de las personas. Los bloqueos u organismos endurecidos, colapsados… por el hecho de manejar esa fijación contribuyen a que la respuesta esté ya prefijada. La respuestas son directamente proporcionales a cómo empleamos la estructura corporal y mental. Tampoco me refiero a las partes del cuerpo que están emanando energía, vigor y/o fuerza, ya que estas al actuar con viveza son capaces de formar una respuesta aceptable. Me refiero a partes del cuerpo que son mas frágiles o endurecidas que se tensan en ciertas situaciones dando una pobre resolución a las mismas. Además estas situaciones se repiten hasta la saturación. Su raíz de ser está incrustada en la mala utilización de ciertos grupos musculares y en situaciones concretas. Por ejemplo, en las perdidas, en las separaciones, en los conflictos… en circunstancias en las que tenemos un bajo nivel de resolución.

Por un lado tenemos la intención de la voluntad buscando bienestar y por otro, actuando con respuestas prefijadas. El resultado se convierte en una pobre solución para gestionar de forma saludable y creativa la vida. Consecuencia de ello logramos entrar en un círculo vicioso que a mediana edad nos damos cuenta de él; si no se atiende a una edad avanzada puede pasarnos factura.

Una forma de conocerse y como primer paso para invertir la situación es el trabajo con el cuerpo y con las emociones. Desde el cuerpo podemos acceder a nuestra mente. Un problema que ha creado la mente con dificultad va a poder ser solucionado con la propia mente. La expresión y maduración de las emociones es de vital importancia para la regulación del sistema energético de las personas. Cuando un organismo alcanza su madurez psicológica y emocional, la psique encuentra por sí sola las respuestas. A través del trabajo con las emociones podemos llegar a cambiar nuestra forma de pensar pero difícilmente al revés. Se puede aprender a conocerse a través del cuerpo para solucionar problemas mentales. Darse cuenta de una situación focalizando lo que uno siente, sumergirse en ello y asumirlo (de dónde viene, aprender a contemplarlo y aceptarlo). Si esto se procura con fiabilidad el cambio en las respuestas vendrá por sí solo.

La búsqueda de un equilibrio inteligente nos hace conocernos a nosotros mismos y el mundo que nos rodea. La capacidad de ofrecer a los demás respuestas espontáneas nos acerca aún más a ellos. La entrega a un colectivo o un grupo sin ninguna intencionalidad más que la de aportar tu valía es una manera de enriquecer tus valores. La responsabilidad hacia ti mismo viene dada con el conocimiento del sí-mismo. Conocerse a uno mismo no es un saber de ti, sino la resolución creativa de la vida que vives, o sea, la mayor de las acciones.


Julio Carrizo
Especializado en psicología dinámica, máster en Psicoterapia Corporal e instructor de meditación

Hay ángeles - por Sara Barea Izaguirre


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A veces nos encontramos
con ángeles disfrazados.
Ángeles que resuelven el enigma
de la vida en tan sólo unos minutos.

Hay ángeles disfrazados por la calle
en el trabajo, en el autobús.
Ángeles vestidos de niño
que te clavan sus limpios ojos
en el alma.
Que se posan en las manos de alguien
que te acaricia.
En las manos capaces de arrastrarte
un mal día
por toda la piel, hasta arrancarlo.

A veces miramos el cielo
en la cara de algún ángel.
Y en su pelo florecen las estrellas
que todavía no han nacido.

Hay ángeles que se disfrazan de perros.
Que te lamen las heridas del tiempo.
Que te calientan las manos.

A veces…
nos encontramos con ángeles.
Y se tumban a tu lado
hasta que duermes.


Sara Barea Izaguirre
Monitora de Pilates