Tant'amare

Revista de terapias naturales, desarrollo personal, ecología...

Astrología médica - por Pedro Cano


astrologia_medica_500

Dicen los antiguos Filósofos que los tres pilares sobre los que sostiene todo el conocimiento Hermético (de Hermes, el Armenio) son: La Alquimia, la Astrología y la Kábala.
No procede en este artículo hablar de Alquimia, así como tampoco tengo autoridad para hablar de la Kábala. Vamos por tanto a hablar de lo que si corresponde: La Astrología Médica.
Entendemos por astrología médica o cosmodiagnosis, el uso de la astrología como herramienta para investigar los posibles desencadenantes de una enfermedad, su pronóstico y el seguimiento de su tratamiento.
A pesar del descrédito que la ciencia racionalista ha generado hacia la astrología, generalmente fundamentado en prejuicios que poco tienen que ver con una aplicación seria del método científico y de la mala utilización que de esta ciencia han hecho charlatanes y adivinos, la historia nos demuestra que esta disciplina, tanto desde su aspecto médico como desde su aspecto predictivo ha sido estudiada desde hace miles de años por las antiguas culturas madre de los que hoy conocemos como Tradición Perenne: caldeos en el creciente fértil, Khemet (Egipto), Alejandría en el Mediterráneo, los chinos desde la geomancia, el feng sui, y la medicina taoista, la tradición Sankya, inspiración de las escuelas pitagóricas y creadora del ayurveda y del yotish o astrología hindú, los Hakim musulmanes, los médicos y cabalistas hebreos, los grandes filósofos y alquimistas cristianos y me supongo aunque no tenga datos para ello, en mesoamérica de la mano de los sabios astrónomos que crearon los calendarios mayas que tanto juego han dado en los últimos tiempos.
Hasta el siglo XVIII, momento en que se provoca un cambio de paradigma a nivel científico, religioso y filosófico, se veía normal que un médico estudiase astrología como parte de su formación y no era raro encontrar universidades en que la astrología fuese asignatura obligada.
El cambio de paradigma generó también un cambio de calificación respecto a lo que hasta ese momento se consideraba “científico”, lo que provoco que se eliminase ciencias hasta ese momento altamente consideradas como la alquimia o la astrología.
Sin embargo, el interés por el estudio de las antiguas ciencias no ha menguado y se ha mantenido de la mano de grupos iniciáticos más o menos esotéricos y a lo largo del siglo XX han aparecido numerosos autores que han mantenido encendida la llama del conocimiento astrológico y Hermético.
Esta ciencia en su rama diagnóstica se fundamenta en un viejo axioma atribuido a Hermes el Trismegistos:

Lo que está más abajo es como lo que está arriba y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno.


O con palabras de Paracelso en su Paragranum:

No existe un solo poder invisible en el cielo que no encuentre su principio equivalente en el íntimo cielo del hombre; lo que está arriba actúa sobre lo que esta debajo, y esto reacciona primero.


De la antigua división del cielo zodiacal en doce partes iguales, consensuada desde las culturas mesopotámicas y de la observación del movimiento de las dos luminarias (sol y luna) y los cinco planetas visibles sin uso de sofisticadas tecnologías, se crea un paralelismo anatómico dividiendo al ser humano en doce zonas anatómicas reflejo de las celestes y gobernadas por lo que conocemos como los siete planetas personales: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
Estas fuerzas planetarias, a su vez manifestación armónica de las cualidades arquetípicas del Uno, en su manifestación en el organismo humano devienen en funciones fisiológicas, glandulares, psíquicas… y su influencia sobre los cuatro elementos repartidos en lo que conocemos como triplicidades configura lo que en la medicina humoral se conoce como temperamentos hipocráticos.
Leí en alguna parte una analogía que he hecho mía que sostiene que el ser humano naciente no adquiere sus características por la configuración del cielo en el momento de su nacimiento sino que el cielo se muestra de una forma determinada en el momento del nacimiento de ese ser para mostrar como ha sido diseñado. En ese mapa de navegación personal, está escrito todo lo que la persona encarnante necesita saber para aprovechar de forma adecuada las dificultades y las facultades que le han sido proporcionadas para su aprendizaje vital en este ciclo.
De la misma forma que un astrólogo competente podrá establecer cuales son las cualidades y las dificultades con que el individuo objeto de estudio cuenta y le podrá aconsejar respecto a las áreas de su vida o a aspectos de su carácter, su vocación, su vida social y familiar habrá de reforzar o cuidar para llevar una vida plena, las reglas de interpretación de la astrología aplicadas a la práctica de la medicina se transforman en una extraordinaria herramienta en el campo de la medicina preventiva y en el diagnóstico de enfermedades.
El mapa natal de la persona nos informa sobre su constitución natal, su tendencia metabólica, su vitalidad, su capacidad inmunológica, el estado de su equilibrio psíquico, la tendencia a somatizar procesos emocionales mal resueltos, dificultades en la eliminación de tóxicos, debilidad o fortaleza constitucional, , etc.…
El estudio de lo que en astrología conocemos como progresiones o direcciones simbólicas permite inferir la edad a la que probablemente puedan aparecer debilidades orgánicas que favorezcan determinadas enfermedades. Es de notar que es cierto que el mapa natal nos muestra los materiales con los que contamos para construir nuestra vida pero que desde ese preciso momento en adelante los planetas siguen su curso creando nuevas figuras geométricas, nuevas realidades energéticas que siguen influyendo sobre nosotros en lo que la astrología estudia como tránsitos. El estudio de cómo el planeta en su movimiento natural interactúa con lo que conocemos como planeta radical, es decir, el que estaba en una situación determinada en el momento de nuestro nacimiento, nos permite no solo afinar respecto al pronóstico sino, especialmente en el caso de los tránsitos de la luna, hacer un seguimiento de la evolución de la enfermedad, ayudándonos a prever posibles agravamientos que aconsejen variaciones en la dosificación del remedio.
Recurriendo otra vez a Paracelso:

O sea, debe juzgar a la medicina según los astros, para comprender a los astros superiores y a los inferiores. Como la medicina no tiene validez si no es del cielo, ésta debe derivar del cielo... Por ejemplo, todo aquello que respecta al cerebro es conducido al cerebro por la Luna, aquello que respecta al bazo fluye hacia este punto con los medios de Saturno, todo lo que respecta al corazón es portado hacia éste con los medios del Sol. De esta manera los riñones son gobernados por Venus, el hígado por Júpiter, la bilis por Marte. (Paragranum)


Quiero hacer notar un detalle importante del texto de Paracelso. Nos dice que el médico debe juzgar la medicina según los astros superiores (es decir, la fuerza planetaria celeste como manifestación del arquetipo correspondiente) y los inferiores, es decir, las funciones orgánicas que por ley de correspondencias se relaciona con la fuerza superior y por lo tanto el arquetipo que representa. A continuación no dice que la Luna, o Saturno o Venus gobiernen nuestro cerebro, nuestro bazo (y huesos), nuestros riñones, sino que canalizan todo aquello que los concierne. Este matiz es sumamente importante porque de ahí podemos inferir que no es el planeta el provocador de nada, sino el canalizador de la fuerza arquetípica correspondiente.
Es habitual que la astrología médica se apoye en la espagiria en cuanto al tratamiento aunque no necesariamente. Tanto la fitoterapia, la homeopatía, la homo toxicología o cualquier otro sistema terapéutico tiene su aplicación en la astrología médica y son numerosos los investigadores que han desarrollado esquemas o tablas asociando zonas anatómicas (signos) y funciones (planetas) con flores de Bach, homeopatía, gemas usadas como joyas curativas (gemoterapia) o como remedios espagíricos o basmas ayurvédicos, sales de Shuessler…
¿Alguien piensa que es casual que tanto los primeros remedios de Bach como las sales de Shüssler sean doce? De la misma forma que resulta curioso ver la similitud entre las primitivas clasificaciones homeopaticas: psora, sicosis y sífilis con las tendencias sintomáticas primarias asociadas a los signos cardinales, fijos y mutables, enormemente parecidos a su vez a los doshas ayurvédicos o a los humores hipocráticos...?
Mismos conceptos, mismas verdades, diferentes formas de contarlas y de nombrarlas. Este es un mapa más, no el mejor ni el único pero si útil y probado. Mil monjes, mil religiones, decía el Budha. Parafraseándolo, podría decir, mil médicos, mil formas de curar…



Pedro Cano
Naturópata y espagírico

Pilates Presente - por Sara Barea Izaguirre


pilates_presente_500

Todo el mundo ha oído hablar de pilates alguna vez.
Sin embargo, si pides que te lo definan, pocos pueden hacerlo. Alguna vez se oye decir: “son estiramientos ¿no?”
El método pilates mejora las lesiones musculares, articulares y algunos dolores crónicos, por la ejecución controlada de sus ejercicios y la puesta en marcha de la musculatura profunda, tan olvidada.
Además, estiliza la figura en cuanto que trabaja de forma exhaustiva el transverso abdominal (que afina el abdomen) y desarrolla una musculatura alargada y alineada.
Favorece el aprendizaje de higiene postural, la mejora de la circulación sanguínea y se gana en propiocepción (la capacidad de sentir la posición de las diferentes partes de tu cuerpo en el espacio sin la necesidad de observarte en un espejo).
Mi relación con el método pilates empezó hace algunos años.
Cuando me formé como monitora de pilates, ya llevaba otros cuantos meditando y dedicaba gran parte de mi tiempo al crecimiento personal. La espiritualidad ocupaba un lugar importante en mi vida.
Comencé a dar clases de pilates en un centro deportivo en el año 2010.
En un principio, me encontré con un grupo reducido de personas, que llevaban haciendo pilates años atrás.
Mi forma de dirigir las clases, no sólo gustaba, sino que sorprendía, por conceptos nuevos que casi no llegaban a entender.
Me basaba en ejercicios, bien conocidos del método, diseñados por su creador Joseph Hubertus Pilates, pero además, les pedía presencia.
El grupo que dirigía fue en aumento y (como siempre he tenido claro que yo aprendía con ellos más que al revés) les observaba: sus movimientos, los gestos de sus caras al ejecutarlos, la respiración, las partes tensas de sus cuerpos, y sobre todo, la tensión de sus mentes (que no estaban allí, conmigo. Posiblemente mantenían un diálogo interno). No había signos de “no tensión”.
Mi intención con ellos fue, que además de ejecutar una buena técnica en los ejercicios, se mantuviesen en la sala.
Mi intención con ellos fue buscar su presencia. Que integraran en una unidad coherente el cuerpo, los pensamientos y emociones. Que buscaran un silencio interno que observa.
Empezaron a sentir trabajar su cuerpo, de alguna manera conectaron con las sensaciones de los músculos que se quejaban al moverse y conseguían restar tensión en aquellas partes que no debían estar tensas.
Sintieron su respiración larga y fluida, y también y sobre todo, sintieron un silencio interior que surge cuando olvidas tu nombre, tu status social, el compañero que tienes en la esterilla de al lado, competir (incluso contigo mismo).
Un silencio que surge cuando vives el presente.
La atención en la respiración se torna especialmente importante. Nos ayuda a ampliar la conciencia de nuestro cuerpo y nos permite fluir de forma natural y espontánea.
Tratas tu cuerpo con amabilidad y respeto y no persigues las frases mentales del tipo: yo no puedo o yo no sirvo (basándote en “recuerdos” erróneos que se tienen de uno mismo) tan utilizadas por el ego. En definitiva, te sorprendes trabajando con la aceptación. Con la honestidad de reconocer las limitaciones físicas o mentales para realizar un movimiento u otro y poder sonreír. No hay nada que lograr.
Es un disfrute del momento presente. Es un diálogo con tu cuerpo donde la mente escucha en silencio y él se expresa.
Cuando animaba a mis alumnos a escuchar su cuerpo y elegir opciones más acordes a su físico (bien por una patología o por un dolor eventual) eliminando la sensación de comparación con los demás, les veía disfrutar y realizar movimientos con elegancia.
La aceptación, la humildad, la consciencia y la libertad de ser quien cada uno es, también haciendo pilates, hacía que se fueran de las clases con un bienestar que casi no podían explicar.
Las relaciones con los demás miembros del grupo también tiene su importancia.
Se cultiva el respeto, no prestando atención al trabajo que realiza cada uno, dando espacio a cada necesidad, con atención y escucha.
Se fomenta la participación de la colocación del material, donde todos cuidan de todos, para entrar después a un espacio personal en el que disfrutar.
La música basada en mantras (sílabas en sánscrito, que sirven de recurso para proteger a la mente contra los ciclos de pensamiento continuo) se hace inevitable en el
Pilates Presente®. Un apoyo más para mantenerse como un todo que trabaja el cuerpo en plena presencia, con su mente en silencio y con la energía- respiración en
plena armonía.
Y esa es mi propuesta.
Ayudarte a estar completamente presente contigo mismo, como quiera que te encuentres hoy, que no será igual que ayer, ni será igual mañana. Y yo te dirigiré así, con mi presencia, observando tu cuerpo, tu respiración, los gestos de tu cara, la tensión o la no tensión que asoma en tus movimientos.
Y sin apenas darte cuenta, además de mejorar tu higiene postural, la salud de tu columna, la elegancia en tus movimientos y el control de tu cuerpo, llevarás contigo un
estado anímico de calma y bienestar aún después de acabar tu clase de Pilates Presente®.



Sara Barea Izaguirre
Monitora de Pilates

Miedo al fracaso - por José Antonio Sande


miedo_al_fracaso_500

A priori parece que la percepción del fracaso es algo que todo el mundo tiene claro: fracasar no es agradable. Sin embargo, la cuestión no está tanto en si es agradable o no, sino en si es necesario o no. Efectivamente, este cambio de perspectiva plantea una nueva cuestión: ¿para qué es necesario el fracaso? La respuesta, en la Educación Emocional Infantil (E.E.I.), es obvia: para aprender. Ya he comentado el hecho de que el ensayo – error es una estrategia de la Vida cuya finalidad es la evolución. Tal y como está concebida la existencia en nuestro mundo, el ensayo – error es una de las vías de evolución para la vida, ¿cómo es posible, entonces, que haya personas que se nieguen la posibilidad del error a sí mismas o a sus hijos? Quizás por ignorancia o inconsciencia.

La definición usual de fracaso es “no dar una cosa el resultado perseguido con ella”. Ahora bien, una vez que esto ha sucedido y las cosas no han salido como se esperaba... ¿quien fracasa es un fracasado? Esta asociación entre “fracasar” y “ser un fracasado” puede ser muy peligrosa a la hora de utilizarla en la educación de los niños.

En un curso de Educación Emocional Infantil, pregunté al grupo de alumnas y alumnos cuántos vivían el fallo como un fracaso y cuántos lo vivían como una oportunidad de aprendizaje. Tras unos instantes de introspección en el mundo de cada uno, el resultado fue que tres personas vivían el concepto de fallo como un fracaso, otras tres ya lo estaban transformando hacia un concepto más sano y seis contemplaban el fallo como una oportunidad de aprendizaje. Lo más problemático de estar “enganchado” a un patrón emocional de este tipo no es vivirlo con normalidad, es no ser consciente de ello.

El miedo al fracaso en el niño es un sentimiento que tiene, como mínimo, una doble vertiente. Por un lado se dirige hacia el interior, haciendo que el niño rechace el fracaso para evitar sentir que se falla a sí mismo. Por otro lado, hay una vertiente externa, que es la de evitar sentir que falla a otras personas a las que considera, de una u otra manera, importantes: padres, abuelos, maestros, amigos, etc.

El miedo al fracaso se implanta como programa en la mente y en la emocionalidad del niño en un nivel inconsciente. Este programa responde a órdenes, mandatos y frases del estilo:
“equivocarse es de tontos”, “tienes que hacerlo perfecto”, “hay que hacerlo bien a la primera”, “si no lo consigues serás un fracasado”, “siempre te equivocas, no vales para nada” y muchas otras que el entorno del niño expresa, directa o indirectamente, y que pueden acabar afectándole. Otras veces no hacen falta las frases, padres o sistemas que dan ejemplo de lo que es la perfección y lo “correcto” trasladan el mismo mensaje.

Cuando el niño falla en algo, se equivoca, comete un error, no da con la respuesta o el resultado esperado, la actitud del entorno frente a ello puede influir de manera importante en cómo el niño conceptualice y emocionalice su relación con el fracaso. Si el entorno acepta el fallo como natural y como medio a través del cuál se aprende, entonces el niño tendrá más posibilidades de aceptar el fallo en su proceso de aprendizaje, desarrollando un elevado umbral de tolerancia al fracaso, a la frustración y a la decepción. Si, por el contrario, el entorno no acepta el fallo como natural, le pone “peros”, reproches, chantajes, castigos, etc., entonces el niño, probablemente, tampoco aceptará el fallo en su proceso de aprendizaje, desarrollando un bajo umbral de tolerancia al fracaso, a la frustración y a la decepción, así como otros aspectos emocionales reactivos.

El ejemplo de los padres y la filosofía del sistema educativo en el que el niño crece, a menudo, determinan su relación con el fracaso, tanto para bien como para mal. Siendo este una herramienta que puede servir para avanzar en la vida ¿por qué optar por convertirlo en un inconveniente, en un impedimento? Ya Séneca, filósofo nacido en Córdoba el año 4 a.C. pronunció la sentencia: “
Errare humanum est”, errar es de humanos”. Es algo ingénito a la esencia de la naturaleza humana, y querer cambiarlo por la perfección no es posible más allá de la vana ilusión de algunos.

Por ello, la pretensión de que un niño no falle, no solo no es natural, sino que es antinatural. Desde la E.E.I. la propuesta pasa, sencillamente, por enseñar al niño a que no considere el fallo como algo grave ni negativo y a sacar partido de sus tropiezos sin, por ello, considerarse un fracasado. Dicho de manera paradójica: “hay que enseñar al niño a fallar bien”.

Grandes personajes de la historia han dejado interesantes frases sobre el tema del fracaso. A modo de pincelada destaco estas cuatro que me parecen especialmente educativas.

“El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia.” (Henry Ford)



“Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender.” (Charles Dickens)



“Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo.” (Thomas A. Edison)



“No puedo darte la formula del éxito, pero si la del fracaso: trata de complacer a todos.” (Anónimo)





José Antonio Sande
Terapeuta floral
[Ver perfil]

Maquillaje terapéutico - por Isabel García Carreño


maquillaje_terapeutico_500

Partimos del maquillaje para proporcionar belleza, y con ello, salud. No es algo que hayamos inventado nosotros; desde el principio de los tiempos, el maquillaje ha convivido con cada una de las épocas y ha creado grandes diferenciaciones en el look de cada una de ellas, hasta nuestros días.

¿Pero qué efectos proporciona en nuestro organismo el maquillaje para afirmar que es terapéutico?
Intentemos darle respuesta: La viségimo segunda edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la acción de maquillar como “el hecho de aplicar cosméticos a una persona para modificar el aspecto de su rostro.”
Aunque la finalidad inicial es mejorar la apariencia para aumentar la belleza de unas facciones, en muchas ocasiones trasciende el simple gesto estético convirtiéndose en una eficaz herramienta terapéutica. La medicina no puede volver la espalda a esta técnica que mejora la salud del individuo es sus aspectos psíquicos y sociales.

Y la que yo personalmente he comprobado en todas y cada una de las sesiones que he vivido con las personas de mi comunidad, mi municipio o mi ciudad y quiero compartir. Y es que hacer sentir a las personas que cada día es único, y que merece la pena sonreír, no es nada fácil, pero a través de esta bonita profesión, se consiguen pequeños pasos que demuestran que frente a un espejo, nuestra actitud varía en función del aspecto que tengamos.
Por desgracia yo no puedo hacer desaparecer una enfermedad o que alguien encuentre trabajo por ir maquillado, pero si puedo hacer que cambie su forma de afrontar algunas situaciones,
El simple hecho de sentirse aseado y limpio cambia la perspectiva de muchas cosas, y sentir que tenemos buena presencia, psicológicamente hablando, es el primer camino a una buena salud mental, por no hablar de lo que supone para la convivencia en sociedad.

Una noticia que me llamó mucho la atención es que en tiempos de crisis como los que atravesamos, las barras de labios rojas son los productos de cosmética más vendidos... Por algo será.
Y es que realmente donde cualquiera ve un labial rojo, yo veo un instrumento femenino que aporta fuerza y energía para seguir luchando. Hace muchos años vi una película donde una mujer sufría un cáncer de mama; anulada moral y psicológicamente  por el pánico entra en una fuerte depresión, descuidando su casa, su familia y a sí misma. Sus hijos, impotentes frente a la actitud de su madre, deciden regalarle la barra de labios que ella siempre utilizaba. La última escena muestra una mujer sentada en la camilla, que se maquilla los labios de rojo antes de entrar en quirófano...

Tomar las riendas de la vida empieza por tomar las riendas de uno mismo, y para ello nos tenemos que querer, es la única forma de querer a los demás y salir adelante, por ello cuando  me dirijo a realizar cualquier tipo de servicio, trato de ir con la mayor carga positiva, porque desde el momento en el que alguien me abre las puertas de su hogar, solo a través de cariño y escucha consigo que no sienta que estoy invadiendo su espacio. Maquillar a alguien es romper esa barrera que llevamos todos alrededor y que generalmente es infranqueable, por eso, conseguir un ambiente cómodo y distendido es fundamental para reforzar una actitud positiva y fluida.

Lo demás viene rodado, una sesión de maquillaje, unos cuantos complementos y sesión de fotos para finalizar, hacen que cambien su actitud y su valoración personal. Pero mi trabajo no termina ahí, mi trabajo termina cuando realmente esas personas ya sean en asociaciones, en grupo de terapia o de forma personalizada, restablecen su autoestima y empiezan a valorar todo lo que de forma inconsciente guardan en su interior, transformándolo en energía positiva para la lucha del día a día.



Isabel García Carreño
Maquilladora

El encuentro - por José Valdivia


encuentro_500

Encontrar.
Como hombre, me enseñaron a buscar, pues esa es la respuesta activa que exige acción, poner atención en la búsqueda, saber lo que quiero e ir a por ello.
Encontrar es algo más. Es estar preparado para el encuentro, dispuesto y disponible, es esa respuesta pasiva que te conduce hacia tu interior y te permite estar despierto, acción que te lleva a darte cuenta, a confiar, a estar tranquilo y relajado.
Buscar me ha colocado fuera durante mucho tiempo, con ideas estructuradas, preconcebidas, inmutables, en pro de un objetivo: alcanzar la meta.
Encontrar me coloca dentro, abierto al cambio, a desestructurar lo aprendido para construir nuevos modelos, en pro de un objetivo: el camino.

Aún no sé muy bien cómo, pero quiero estar despierto para aprender de las nuevas herramientas, y en este sentido me doy cuenta de que los abrazos son un medio eficaz para despertar el darse cuenta.

Abrazar.
Poner conciencia en el abrazo. Poner conciencia en el cómo, en el para qué de cada abrazo y abrir los sentidos para dar y recibir de forma activa-pasiva, integrando, fusionando, aprendiendo – desaprendiendo; para encontrarme en el mundo de las ideas, en el mundo de las emociones y en el mundo de las acciones, tres espacios en los que habita mi ser, que me forman y me construyen como persona, en mi humanidad.
Hay un abrazo que se busca y un abrazo que se encuentra. El primero ya lo conozco y lo reconozco. El segundo necesito explorarlo, experimentarlo. Así seré más libre de elegir en función de cada momento y no de patrones preestablecidos en mi fondo.

Somos luz.
Yo soy un ser de luz. Solo cuando me coloco en mi lugar, en mi ser de luz puedo enfocar lo que necesito, lo que deseo. Puedo estar abierto para recibir. Puedo dar de verdad. Estoy convencido de que el camino me va a traer muchos descubrimientos, me va a meter en un proceso interior de pasos firmes y seguros, me va a hacer encontrarme con mi luz y con mi sombra. Como el abrazo que viaja al encuentro de dos seres, emprendo este viaje con un sincero deseo de avanzar hacia el encuentro de mis oposiciones, hacia el equilibrio, rompiendo resistencias viejas desde el darme cuenta y para darme cuenta del lugar que ocupo y del que quiero ocupar en mi vida, en cada momento de mi vida, encontrando-me.



José Valdivia
Masajista y arteterapeuta

Escuela Waldorf: cuidado, respeto y disfrute - por Ángeles Caro


escuela_waldorf_500

Hace ya más tres años que nos surgió la inquietud de hacer una escuela diferente en Almería.
Soy profesora de secundaria y ya me venía preguntando desde hacía tiempo por qué los estudiantes no tenían interés. Yo tengo interés por conocer todo mi alrededor, cómo funcionan las cosas me fascina, pero veía que a mis estudiantes no les pasaba lo mismo.
Luego nació mi hija y vi que ella tenía interés por todo y me preguntaba: ¿cuándo se acaba ese interés por todo lo que a uno le rodea? Algunas maestras de infantil y primaria con las que hablaba me decían que ellas notaban ya ese cambio en los primeros años de la primaria... “Algo hacemos para que estos niños a los que le interesaban miles de cosas un año, al otro ya no...” me decían esas maestras...

Por aquél entonces nos juntamos muuuchos padres con inquietudes similares. Muchas madres, sobre todo; nos juntamos porque sentíamos que no nos convencía algo de la escuela tradicional...

El camino hasta llegar aquí ha sido largo. Muchas personas se han acercado al proyecto con miedos, con inseguridades. Sobre todo cuando el resto de la sociedad, incluidas muchas veces personas muy allegadas, te decían todo en lo que te podías equivocar, todo lo que salía mal, todo lo que las otras escuelas tienen de materiales o espacios y la nuestra no tenía... Pero, en muchas ocasiones, ese sentir de que hay que seguir luchando, hay que seguir mejorando, ese sentir de que, aunque falten muchas cosas materiales, lo principal nuestra “escuelita” lo tenía: el respeto profundo a los niños, a que sean lo más libres posibles, no a que sean como nosotros queremos que sean, hacía que continuáramos...

Al principio no teníamos las ideas claras, queríamos una escuela respetuosa pero no sabíamos qué pedagogía, no éramos maestras formadas en todas las pedagogías como para decidir!! solo sabíamos de oídas de unas y de otras!!
El universo y las casualidades o las causalidades nos invitaron a contratar una maestra waldorf.
Ese año vimos cómo algunos niños que entraban fuera de sí, inquietos, no malos, pero que no paraban, ahora se centraban, jugaban de manera más armónica. Veíamos cómo los niños no competían entre ellos sino que jugaban todos juntos, con mucho movimiento, claro! pero con armonía. Hasta ese momento no había percibido la diferencia entre un niño fuera de sí, excitado con todo lo de fuera, y un niño centrado... Y me quedaba boquiabierta...

Ese año aprendí a que estar fuera de sí es no hacer caso a tu yo interior, a lo que tú realmente quieres, porque te sobreexcita tanto el exterior que solo reaccionas a lo que ocurre a tu alrededor, no eres libre de actuar, tu impulso interno no puede salir porque el exterior te abruma, te excita, te entretiene, te asusta y te pierdes en el ruido exterior, en querer ser o hacer lo que hace feliz a papá o mamá, ahogando tu voz interna.

Este año he visto más cambios sorprendentes. Un niño entró con una enfermedad autoinmune, durante su estancia en el proyecto la enfermedad fue remitiendo hasta casi desaparecer. Será casualidad, pensé, pero cuando sus papás se mudaron a otra ciudad la enfermedad volvió a crecer... Sus padres quieren volver a mudarse para que pueda volver a formar parte.
Otro niño no podía ser tocado por ningún otro niño. Su madre me contaba con lágrimas cuando, unos meses más tarde, los demás niños le hacían un masaje...
Cuando le preguntaba, sorprendida, a nuestra cuidadora Waldorf, ella nos decía con una sonrisa: es que en Waldorf se cuida al niño entero, no solo su cuerpo. Se cuida también su cuerpo etérico (energético, pensé yo que decía) de manera que el niño puede usar esa energía en sanarse, en terminar de formar su cuerpo para ser un adulto sano, no en solucionar el estrés o en aprender cosas que ponen contentos a mis papás...

La adaptación de los niños al cole es respetuosa, con los niños y las madres. El niño vive la adaptación, no la sufre.
Por otro lado, cada vez que hablaba con las maestras, éstas me hablaban de lo que observaban en cada niño y cómo, según cómo fuera el niño, necesitaba unas cosas u otras para alcanzar su equilibrio: “Este niño, por su sensibilidad, necesita mucha seguridad a su alrededor, y eso se lo proporciona el ritmo constante, armonioso y amoroso”. “Esta niña, necesita unos límites muy claros para sentirse cuidada, para sentir que se ocupan de ella” , “ A esta niña hay que traerla dentro de sí con un gesto de los brazos para que no se disperse”, etc...

A lo largo de estos años he visto cambios maravillosos, cuidados que no sabía siquiera que se podían tener y lo he visto en los niños, en cómo están.

También he hablado con personas, muchos de otros países donde la pedagogía está más extendida, y que me comentan las maravillas, en primera persona o en sus hijos, de esta pedagogía.

En España nos cuesta cambiar pero, afortunadamente, aunque seamos los últimos en Europa, vamos cambiando. En el País Vasco se están concertando los colegios Waldorf. Ya existe en España educación Waldorf hasta bachillerato. Alrededor de la escuela libre Micael de Madrid han surgido multitud de jardines de infancia y colegios de primaria en los que hay listas de espera para entrar.

Pues bien, tenemos esta oportunidad al alcance de nuestras manos, crear un cole en el que los niños se sientan respetados, mirados, cuidados, en todos sus sentidos, no solo el físico, cuidando lo que tocan, lo que ven, lo que perciben de sus adultos y del mundo exterior, en contacto con la naturaleza y, por supuesto, sin perder la conexión con ellos mismos; proporcionándoles la tranquilidad que necesitan para mantener viva dicha conexión. Además, no se trata de un experimento, se llevan viendo 100 años los beneficios de esta pedagogía en el mundo.
En la pedagogía Waldorf no se alimenta el intelecto del niño hasta que no está maduro para ello. Y el niño no se aburre, está experimentando con sus manos y su cuerpo. Cuando está listo absorbe con gran rapidez, sin estrés y sin etiquetas o decepciones de soy malo para esto o lo otro, cada uno a su ritmo. No hay exámenes, entonces ¿por qué aprenden los niños? Porque lo disfrutan.
Por otro lado, multitud de “desórdenes” muy comunes hoy en día en los coles, etiquetados de mil formas TDH, autismo… son observados y tratados en la pedagogía de manera que ya no hay desorden...
El trato con el maestro es de respeto hacia esa persona que me enseña, no desde el miedo o el autoritarismo. El alumno se siente respetado y respeta por ello.



Ángeles Caro
Escuela libre Waldorf Corazón de tiza

El cuerpo como fuente de placer - por Mireia Darder y Sílvia Díez


el_cuerpo_como_fuente_de_placer_500

Sin cuerpo no somos nada, sin embargo, lejos de escucharlo, cuidarlo y mirarlo con respeto, lo hemos convertido en un esclavo de nuestra insaciable exigencia y patológico perfeccionismo. En nuestro afán de mejorar, de alcanzar un objetivo y luego otro más, en un carrera inacabable hacia no se sabe qué lugar, nos hemos olvidado de contemplar el cuerpo, fuente de vida, placer y sensaciones, como algo sagrado. Parece que solo nos ocupemos realmente del cuerpo cuando nos duele. El resto del tiempo, sobre todo el cuerpo de la mujer, es víctima de una enorme presión que lo juzga y critica severa y constantemente cuando no se ajusta a los cánones de belleza y juventud.

Nuestra sociedad patriarcal ha asociado a la mujer a lo natural e igual que nuestra civilización a lo largo muchos siglos se ha empeñado en explotar y dominar a la naturaleza hasta casi extinguirla, lo mismo ha ocurrido con la mujer, su cuerpo y su deseo. Ahora, después de casi haberla destrozado, toca aplicar nuevas medidas para proteger a la naturaleza y a la mujer...

Exigencia y perfeccionismo
A la exigencia de esta sociedad sobre el cuerpo de la mujer para que se ajuste a un modelo de belleza, se añade un ritmo de vida lleno de obligaciones y estrés cuyo estado de alerta permanente alejan a la mujer de las sensaciones corporales y del placer que necesita relax. La falta de deseo que alcanza en muchos países occidentales dimensiones prácticamente patológicas es una de estas manifestaciones. Como aseguran Christopher Ryan y Cacilda Jethá, nuestra cultura ha declarado una guerra al deseo sexual. Nos hemos acostumbrado a anteponer hijos, pareja, trabajo, el quedar bien, etc… a cualquiera de nuestros deseos por muy necesario que resulte para nosotras satisfacerlo. Y, como dice Sylvia de Béjar, “ya no solo deseos eróticos, sino de cualquier clase y cuando nos olvidamos de nosotras mismas, difícilmente nos queda espacio para el placer.

El cuerpo de la mujer, agotado por el esfuerzo continuado, por las dietas, por el ejercicio a menudo impuesto y no disfrutado, acaba existiendo solo como objeto inerte, tal vez digno de ser admirado, pero falto de pulsión. La mujer se ocupa más de su cuerpo para lucirlo que para disfrutarlo. Prefiere obtener la admiración que gozar de las sensaciones que se generan en él.

¿Cómo reconectar con nuestro cuerpo? ¿Cómo entregarse al placer?
Se trata principalmente de conseguir algo tan fácil y a la vez tan complicado como el hecho de parar y volcar la mirada hacia nuestro interior en lugar de centrar nuestra atención en el afuera. Nuestro cuerpo está diseñado para el placer, a diferencia de los hombres, la mujer posee un órgano exclusivamente diseñado para el goce: el clítoris.

También es básico el trabajo corporal que facilita el desbloqueo del cuerpo, permite moverlo, sentirlo… Los trabajos de conciencia corporal y de movimiento nos permiten habitar nuevamente el cuerpo inerte, escuchar sus mensajes, descifrarlos... Practicar deporte no es lo mismo, porque se realiza en la mayoría de ocasiones sin conciencia y siguiendo preso de la exigencia para poder adjudicarse un nuevo logro.

Es muy importante combinar la fuerza del movimiento expansivo con los estiramientos y la relajación muscular... Se trata de ganar fuerza y a la vez de ser capaz de soltar tensión y relajar. Tanto la fuerza como la relajación son necesarias para alcanzar el orgasmo. Bailar, jugar, dejarse experimentar entregándose a la experiencia sin pensar, sin juzgarse confiando en nuestro instinto son las maneras de conectarse con el placer.



Mireia Darder y Sílvia Díez
Terapeutas Gestalt

Ashtanga Yoga: un estilo tradicional de Yoga - por Rosa Fernández


ashtanga_yoga_500

“… las respiraciones flotan en el silencio de la sala, nos invitan a la interiorización, a la concentración… me muevo sincronizada con mi respiración mientras siento que el tiempo se para, todo a mi alrededor se detiene… solo existe para mí el ahora, el presente.”



Con su origen en la India, este sistema antiguo enseñado por el Rishi Vamana en su texto Yoga Korunta ha sido transmitido como el parampara indica, de forma tradicional, de maestro a discípulo. Así llegó en los inicios del año 1900 a
Shri T. Krishnamacharya, quien transmitió sus conocimientos a partir del 1927 a su discípulo Pattabhi Jois, responsable de la difusión internacional de este sistema de Yoga.
En la actualidad, su hija Saraswati y su nieto Sharath Jois continúan con la tradición enseñando en el
instituto de la ciudad de Mysore fundado por él en 1948.
El termino
Ashtanga significa en sánscrito ocho ramas, siendo estas las etapas a las que el sabio indio Patanjali hizo referencia en sus Yoga Sutras. Este texto, con más de 2000 años de antigüedad, recopila y sistematiza las enseñanzas del Yoga, siendo uno de los pilares filosóficos en el sistema de Ashtanga Vinyasa Yoga o, como comúnmente se le conoce, Ashtanga Yoga. Nos encontramos por tanto, con un sistema de desarrollo personal a todos los niveles, en el que no hay separación entre la filosofía y la práctica.
La práctica se aborda con paciencia, disciplina y respecto, trabajando sobre secuencias de asanas (posturas) definidas unidas por la vinyasa, sincronización de respiración y movimiento. Se genera así un calor interno que purifica nuestro organismo tanto a nivel físico, mental como emocional. Además, durante nuestra práctica es clave la atención sobre tres puntos (Tristhana): respiración, asana (postura) y drishti.
  • La respiración guía el movimiento, siendo esta suave, profunda, libre y sin pausas. Esta hace posible la unión de un asana con otra resultando así un movimiento meditativo. Para que nuestra respiración sea correcta y las asanas efectivas usamos los bandhas, vínculos o cierres que aportan ligereza y fuerza impidiendo que la energía se disipe.
  • Asana. Purificamos nuestro cuerpo a la vez que le aportamos fuerza y flexibilidad. Con la práctica repetida de la secuencia de asanas se nos presenta la oportunidad de trabajar en silencio, únicamente con nosotros mismos, aportando un tiempo de conexión e interiorización a nuestra vida.
  • Dhristi (punto de enfoque). Focalizamos nuestra mirada hacia un punto evitando distracciones y centrando nuestra mente.

Ashtanga Yoga no solo se limita a la ejecución de una serie de asanas, conforme nos adentramos en la práctica diaria, con respeto y comprensión, nuestro cuerpo se va liberando, equilibrando, nuestra mente se aclara haciendo que penetren en nosotros de forma más sencilla principios sociales y personales que nos mantendrán en la senda, que harán que vivamos nuestra vida de forma más consciente.



Rosa Fernández
Profesora de Yoga

El Reiki como sanación - por Pilar Diago


reiki_como_sanacion_500.3
A lo largo de nuestra vida, de nuestra socialización, hemos oído hablar de curanderos y sanadores. Ellos, de una forma o de otra, han estado presentes desde siempre. De hecho, en la historia del ser humano, en las tribus, siempre ha estado representada esa figura.
Cuando hace unos años llegó el Reiki a España (yo lo trabajo desde hace 16 años), la sociedad nos tenía como gente rara, incluso aquellos que habían ido a curanderos.
Con el tiempo y conforme han probado esta maravillosa técnica, cada vez hay más gente iniciada en Reiki o que demandan terapia con Reiki. La palabra Reiki solo implica que se realiza una técnica de sanación por imposición de manos, nada diferente de nuestros sanadores de antaño.
Tanto la física mecánica como la cuántica aportan información de cómo poniendo las manos encima de otra persona se puede hacer traspasar energía a través de la piel, de cómo el pensamiento puede interferir en los funcionamientos celulares generando alteraciones en varios sistemas como lo demuestra la Psico-neuro-inmuno-endocrinología; de cómo el estado emocional de una persona puede variar el ambiente de una habitación haciendo que las demás personas puedan cambiar de humor.

Todos los seres humanos son canales desde que nacen, pequeños y grandes conductos por los que se canaliza la energía del Universo que llegará hasta el corazón y será distribuida hacia los brazos hasta llegar a las manos.
Muchas veces me han preguntado si hay más tipos de energía. Claro que hay más tipos, el Universo está lleno de energías. Yo lo comparo con la tabla periódica de los elementos: mezclamos diferentes elementos y obtenemos diferentes moléculas… sería algo similar.
A lo largo de todos los años que llevo trabajando, he encontrado situaciones curiosas que se han solventado al aprender a canalizar Reiki. El Reiki ayuda a movilizar correctamente la energía por nuestro organismo, normalizándola y por lo tanto "arreglando esos problemillas".
Todos los seres humanos generamos, gracias al movimiento de nuestros electrones entre otras cosas, corrientes energéticas a lo largo de todo el cuerpo. Cuando esas corrientes no fluyen de forma adecuada se generan bloqueos, acumulaciones, o defectos, insuficiencias. Los bloqueos nos llevarán a generar enfermedades por acumulación como son los quistes, inflamaciones, tumoraciones… mientras que las insuficiencias generarán debilidad, ptosis y lentitud en los procesos orgánicos, celulares, metabólicos, etc.
De la misma forma, en el campo electromagnético generado por esos movimientos eléctricos también se pueden manifestar alteraciones energéticas que afectan a la vida y la salud de la persona y donde el Reiki también puede actuar.

El trabajo como terapeuta Reiki nos puede llevar a descubrir todos aquellos potenciales que hay en nuestro interior, a conectar con esa parte divina que todos tenemos en nosotros y que desarrollándola permite que se manifieste cada vez más cantidad de energía, intuición y lo que es más importante, el crecimiento personal que te lleva a responsabilizarte de tus propias decisiones y actos, de darte cuenta de que a tu alrededor hay mucha gente con ganas de dar y recibir amor.
Eso es el Reiki. Una técnica de sanación natural por imposición de manos que a la vez nos hace mejores y que despierta el médico interior que hay en cada una de nuestras células buscando así la homeostásis.
Mi opinión es que el Reiki tendría que formar parte de las asignaturas en el "cole", sería una buena forma de ayudar a todos los seres humanos y desde pequeños se tendría en cuenta el trabajo personal y el trabajo social.
Como en todas las técnicas se ha de aplicar aquello de que "Cada maestrillo tiene su librillo" ya que dentro de las mismas bases se puede encontrar que diferentes profesores tengan diferentes informaciones añadidas al Reiki.
Solo me queda por decir que el Reiki abrió un gran campo de posibilidades para mí, que respeto profundamente el trabajo que realizo tanto en consulta como dando clase y que el Reiki me ha ayudado a conocer a gente maravillosa.



Pilar Diago
Profesora de Reiki

Sentimiento de culpabilidad (II) - por José Antonio Sande


Revista Tant'amare - Desarrollo personal y terapias naturales
Quiero comentar algunos de los muchos casos de culpabilidad que he tratado y trato en mi consulta. Espero que sirvan de ejemplo y sean suficientemente esclarecedores del gran daño que se hace al niño cuando se utilizan estas estrategias para educarle.

Dos hermanos que estoy tratando actualmente, la chica tiene veintiocho años, el chico veintidós. Desde pequeños, cuando hacen algo que a su madre no le gusta, ella se va a su habitación y se mete en la cama “actuando” como si se hubiese puesto enferma. Esto ha creado el sentimiento de culpabilidad en ellos, porque han aprendido que su conducta inadecuada causa enfermedad en su madre que, en realidad, les está haciendo chantaje emocional.

Mujer de treinta años, dependiente de su madre y muy sometida. Cuando ella hace algo en contra de las ideas de la madre, ésta se echa al suelo y se tira del pelo diciendo que su hija la quiere matar a disgustos. Chantaje emocional.

Tres hermanos cuyo padre es un médico con cierto prestigio. Tanto el padre como la madre les repiten constantemente lo que pueden y no pueden hacer con sus vidas porque eso influye en la imagen que el padre da ante los pacientes, y ellos siempre tienen que quedar bien. Chantaje emocional relacionado con el estatus.

Hombre de cuarenta años. Cuando llegan fiestas o fines de semana su madre se pone enferma, en cuanto va a buscarla para llevarla al hospital se le quitan los síntomas. Chantaje emocional relacionado con la enfermedad.

Hombre de cuarenta y cinco años. Los fines de semana que tiene partido de fútbol con sus amigos su mujer se pone enferma con dolor de cabeza y él se tiene que quedar para cuidar de los niños. Chantaje emocional relacionado con la dependencia emocional.

Chica de treinta y cinco años, no puede dejar a su pareja porque él, según le dice, sufrirá mucho y si le deja su vida quedará destrozada. Chantaje emocional relacionado con la dependencia emocional.

Estos son algunos ejemplos, solo esbozados, de cómo se manipula a las personas utilizando el sentimiento de culpabilidad.

Cuando un niño “aprende” que sus actos, palabras o actitudes causan sufrimiento a sus papás, se instala en su cerebro un programa mental que dice “mi papá y mi mamá son las personas que más amo en el mundo y no quiero provocarles ningún sufrimiento”. Este programa no es consciente, y aunque el niño no lo verbalice, puede hacerse real en su mente. En el plano emocional el programa que se configura es “cuando hago algo que no le gusta a mis papás ellos sufren y yo soy culpable de ese sufrimiento, tengo que intentar evitarlo”. Se configura así un programa en el que, cuando los padres manifiestan, fingen o dramatizan que su hijo les hace sufrir, el sentimiento de culpabilidad se activa y el niño se siente culpable. Si esta manera de relacionarse se mantiene a lo largo de los años el programa se normaliza, se automatiza, se graba en el inconsciente y queda permanentemente activo. Si a esto se le añaden frases como “si haces esto ya no te voy a querer más”, “como no dejes de comportarse así dejo de quererte”, “si tomas esa decisión olvídate de nosotros como padres”, o se mantienen esas actitudes sin necesidad de verbalizarlo, entonces, además de la culpabilidad, se añade el miedo a no ser querido. Todo esto se convierte en programas emocionales y mentales, que condicionan la capacidad de relacionarse del niño y del adulto de una manera tan profunda que no puede ser libre de vivir su vida a su manera, porque siempre habrá alguien a quien se le haga daño.

El sentimiento de culpabilidad, a menudo, es una forma de “amar” mal entendida, que se une al sentimiento de “deuda” y al de “sacrificio” y que convierte al “amor infantil” en una pesada carga. Esta “programación” del amor, supeditado a la “culpa”, la “deuda” y el “sacrificio”, desarrolla en el niño una emocionalidad desequilibrada, dependiente, insana, que le llevará a relaciones interpersonales inadecuadas de sometimiento, sacrificio, servilismo y compensación.

También se da el caso de adultos que, en consulta, dicen que nunca se han sentido culpables, sin embargo yo percibo la estructura emocional de la culpabilidad en ellos. ¿Cómo es posible? Ellos tienen razón, nunca se han sentido culpables porque han tenido mucho cuidado de no activar el programa. Explicaré cómo. El sentimiento de culpabilidad es un programa que, una vez instalado, siempre está alerta, como si fuese la “llama piloto” de un calentador de gas que siempre está encendida pero que solo se dispara para calentar el agua cuando se abre el grifo del agua caliente. Pues bien, lo que estas personas hacen es evitar abrir ese grifo, es decir, evitan las situaciones que activarían totalmente el programa y que harían que el sentimiento de culpabilidad se activase totalmente. ¿Cómo las evitan? Eligiendo someterse a las instrucciones del programa: no causar sufrimiento a los demás, no hacer aquello que pudiese ofender, no diciendo nunca “no” a las demandas de los demás, cediendo territorio emocional ante sus “seres queridos”, evitando entrar en conflicto y tragándoselo, no oponiéndose a los otros aunque no estén de acuerdo con las decisiones o hechos sucedidos y otras conductas que impiden que el programa se active. De este modo, han vivido toda su vida sometidos al programa sin que éste tenga que ponerse de manifiesto, porque solo con esa “llama piloto” ya es suficiente como para que la persona se mantenga dentro de los límites que le marca dicho programa.

Vuelvo a afirmar, esta es la estructura emocional que más personas de cualquier edad y condición tienen desequilibrada. Sin embargo, el trabajo para eliminar esta y otras limitaciones en el plano mental y emocional es posible a través de la Terapia Floral, técnica natural con la que entré en contacto en 1993 y que utilizo en mi labor profesional desde el año 2006.



José Antonio Sande
Terapeuta floral